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Marruecos


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FOTOGRAFÍA
JORGE MERCADO

PALABRAS
ADRIANA GASTÉLUM

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Nunca me es fácil comenzar un post de viajes ya que siempre termino sintiendo que no le hago justicia al destino, especialmente cuando engloba a un país grande con una cultura tan antigua y rica que conocerla en 9 o 10 días es simplemente imposible. Pero debo empezar en algún sitio, de otra forma y si siempre esperase abarcar cada tema en su totalidad, nunca escribiría o los posts me quedarían del tamaño de la Encarta 2000. Así que, querida lectora, ponte cómoda y acompáñate de la bebida de tu elección, porque esto va para largo.

Marruecos siempre fue un sitio de mucho misterio para mí. En mi mente tenía dividido al mundo en Oriente y el Occidente, y Marruecos nunca encajaba en ninguna de las dos debido a su historia, la procedencia de su cultura y, contradictoriamente, lo cercano que se encuentra del resto de Europa. Eso sumado a los comentarios clichés que sueles escuchar de la gente y cómo se dice que es poco recomendado viajar al país siendo mujer, lo hacían parecer un destino mucho más lejano de aquellas 2.5 horas que toma llegar desde Barcelona a Marrakech.

Habiendo nacido en un país con mucho prejuicio a nivel mundial, nunca hice mucho caso de aquellas historias. Que si me iban a ofrecer dinero por pasar la noche con alguien, que si me iban a ignorar en restaurantes o que mi pareja lo pasaría mal por mi culpa. En mi caso, resultó ser todo un saco de historias antiguas.

Digo antiguas y no “falsas” porque, según lo que nos contaban los locales, todo Marruecos y en especial las ciudades grandes han pasado por un par de décadas de cambios en donde la globalización ha tenido sus consecuencias, al igual que en el resto del mundo. En el caso del Reino de Marruecos, se han abierto las puertas a una cantidad masiva de turismo y a una adaptación aceptada de la cultura occidental en ciertos sectores.

Lo más importante que debes saber si viajas a Marruecos es que hay más de 5 idiomas oficiales, entre los principales están el árabe y las lenguas berbers de las que hay siete, si mal no recuerdo lo que nos contó el taxista; y como secundario el francés, al igual que la mayoría de las personas que se dedican al sector turístico saben inglés, español y a veces hasta italiano. Si eres como yo y no sabes hablar ninguno de los tres idiomas principales, seguro encontrarás una forma de comunicarte ya que los marroquíes, además de ser personas muy amables, muestran un gran interés por el aprendizaje.

Nuestro primer destino fue la ciudad imperial de Marrakech; una ciudad teñida de terracota famosa por sus plazas y mercados nocturnos, y por contar con una Medina (o ciudad vieja) que completa se considera un patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Dentro de ella, te puedes topar con postales de todo tipo: desde las callejuelas humildemente adornadas con gatos callejeros hasta joyas como el Palacio Badia, la mezquita de Kutubiya, hoteles de cinco estrellas a precios asequibles, así como una docena de jardines que probablemente no podrás visitar en su totalidad pero que vale la pena que te dediques una mañana a visitar un par de ellos.

No pasó más de un día para que nos diéramos cuenta de la amabilidad de los locales y su interés por ayudarnos si nos encontrábamos perdidos. Algunos nos pedían unos dirharms por su ayuda y otros, demostrando un interés aún más genuino, decían que nuestro agradecimiento era más que suficiente. Sin embargo, la Medina no es grande, por lo que encontrar los sitios turísticos como los jardines y palacios no es difícil si te guías por la mezquita y sigues las calles principales.

Nos habían hecho muchas recomendaciones ya que hay mucho que ver y hacer por la ciudad roja, pero nadie nos avisó que tendríamos que caminar esquivando motocicletas, algunas mulas de carga e incluso bicicletas con tres pasajeros a bordo. Si te gusta el movimiento, una ciudad que vive más de noche que de día y tal vez un poco el caos, Marrakech es para ti.

Dentro de mis recomendaciones se encuentran el Museo de Yves Saint Laurent (de cual ya hice un post aquí), los jabones de aceite de argán y de oliva, tomar siestas durante las horas más calientes del día para pasar la noche caminando por los mercados, que no tengas miedo a regatear precios y que definitivamente no te preocupes demasiado por tu seguridad o tus pertenencias. A pesar de las malas historias que puedes haber escuchado, el turista es muy cuidado y respetado. Nos quedó muy claro después de una serie de infortunios que sufrimos durante el viaje por cuestiones de salud.

Nuestro viaje en Marrakech concluía, y aunque nos fue difícil dejar el Riad Kasbah en el que nos habían hecho sentir como en casa, teníamos muchas ganas de aventurarnos por el Atlas de Marruecos. Nuestro plan, aunque debemos aceptar que fue caótico por las largas horas de viaje y pocas de sueño, iniciaba en la costa de Essaouira, hacia las cascadas de Ouzoud, para seguir en Fez y finalizar en Casablanca, y, confieso que si lo tuviese que hacer de nuevo, lo haría todo otra vez al pie de la letra con excepción de Casablanca, que fue la ciudad que menos nos gustó.

Para descansar de las largas horas de viaje en carretera, lo mejor es detenerte en las paradas de talleres de alfombras a las afueras de la ciudad en donde por unos cuantos dirhams puedes degustar un té de menta hecho al momento con hojas frescas. Fue una de las mejores experiencias de todo el viaje.

Cuando llegamos a Essaouira sabíamos que ya no estábamos en el caótico Marrakech y que teníamos un paisaje que inspira paciencia y tranquilidad de parte de los locales, a pesar de que las calles seguían estando igual de transitadas, y en donde se podía respirar la brisa del mar que se encuentra a solo unos metros de distancia de la Medina.

Una cosa que nos preocupaba era el calor. Sabíamos que el tiempo ideal para visitar Marruecos era en primavera u otoño y que las temperaturas en verano podrían llegar hasta los 50 grados centígrados. Por suerte, o como nos contó el chofer que nos daba un tour, gracias al calentamiento global las temperaturas ya no llegan a ser tan altas en el país, y lo que antes era un verano abrasador ahora es un verano perfectamente tolerable.

Si bien yo iba preparada con vestidos largos que me cubriesen hasta los pies (y los cuales repetí constantemente porque llevé una maleta pequeña), pasé bastante frío en Essaouira, y eso es algo que nunca nos hubiésemos imaginado que podría pasar. ¿Calor? La verdad es que lo pasamos poco.

in this look –
Massimo Dutti long dress,
Alona earrings.
in this photo –
Subtle & Simple dress

Nuestro siguiente destino eran las Cascadas de Ouzoud, una zona en la Provincia de Azilal famosa por sus paisajes y visitas que puedes hacer en un día, aunque yo recomendaría que si vas a descansar te tomes dos días porque la carretera del Atlas es complicada.

Al llegar al hotel sabíamos que teníamos una terraza con vista a las cascadas porque lo habíamos visto en las fotos de nuestra reserva, pero no hay foto que haga justicia a la verdadera magnitud del lugar; es como encontrarte en un oasis, un pequeño Vietnam o un paraíso en medio de la nada de piedras terracotas, aguas verdeazuladas y flora salvaje que parece diseñada. Hay dos formas de hacer el recorrido, una es por la zona construida con una escalera y otra es por la rural con el camino que van formando los burros de carga. Yo recomiendo hacer la segunda, solo prepárate para sentir dolor en los músculos al día siguiente. Ouzoud, sin duda, lo mejor del viaje.

De Ouzoud a Fez había, según el mapa, seis horas de viaje. Sonaba largo pero no nos intimidaba, sobre todo porque viajando en grupo siempre hay formas de matar el tiempo y hacer relevo a la hora de conducir. Nadie nos dijo que el Atlas se complicaría todavía más, y que ese trayecto de seis horas nos tomaría en realidad diez. Diez. Esa noche llegamos a Fez con el cuerpo a medio morir y el alma derrotada.

Al día siguiente, y en gran parte gracias al maravilloso desayuno incluido con la habitación que ofrecen los Riads, volvimos a la vida. Teníamos solo cinco horas para estar en Fez y, si bien éramos conscientes de que no podríamos verlo todo, también sabíamos que nuestros pies aún nos servían.

Una recomendación que puedo hacer, sobre todo si te preocupa perderte en la ciudad, no saber en dónde comer o comprar a buen precio, es contratar en tu hotel a un guía turístico que hable tu idioma. Son asequibles, amables, trabajadores honestos y a veces se saben algunos chistes. Para aprovechar al máximo Fez contratamos a uno de ellos (¡Hola, Hindi!) para que nos mostrara la ciudad de forma eficiente.

Estuvimos en la Medina más antigua, que también es la zona peatonal más grande del mundo y un patrimonio de la UNESCO. No sabemos si fue suerte o no, pero al ser día festivo las calles estaban solas y los comercios cerrados, no pudimos encontrar comercio abierto pero sí mucha arquitectura para ver (alguna desde lejos, como en el caso de las mezquitas en las que solo puedes entrar si eres musulmán). La ciudad se estaba preparando para celebrar el Eid al Adha, o la Fiesta del Cordero, por lo que a pesar de no haber tiendas abiertas, si había comercio de corderos por las calles.

Nuestra visita llegaba a su fin, y con un sabor semi-dulce, semi-amargo de nuestra corta visita a Fez, hicimos la promesa de que algún día regresaríamos a la ciudad con el tiempo suficiente para no solo verla en su totalidad, sino también para conocer más a los locales que nos mostraron una amabilidad genuina que en pocos sitios en el mundo he encontrado. Como no quiero alargar más este post, solo diré que perdí mi teléfono por un día entero y cuando fui a buscarlo lo tenían guardado para mi. Inapreciable.

El camino hacia Casablanca, a comparación del Atlas, fue bastante tranquilo. Quién se hubiese imaginado que al llegar a la ciudad sufriríamos un ataque de ansiedad al conducir en ella. Y es que si en Marrakech la gente conducía rápido y sin sentido de la proxémica, en Casablanca parecían carecer de todas las reglas o normas de conducción.

Algunos amigos ya nos había dicho que Casablanca era muy europeo y que poco tenía que ver con el resto de Marruecos, y mientras que algunos de ellos coincidían en que la ciudad no valía la pena para un viaje, otros nos comentaban lo mucho que les había gustado, así que decidimos forjar una opinión propia y visitarla.

Resumiendo: No nos gustó. Si bien la ciudad es conocida por su historia, su película emblemática (y una de mis favoritas), y como capital económica del país, carece de todo el encanto que tiene el resto del reino de Marruecos y más que verla como una extensión de europa en África, yo la sentí más como una ciudad que bien podría haber sido estadounidense. Y no de las buenas.

Pero si por alguna razón debes visitarla o deseas darle la oportunidad, te recomiendo visitar la Mezquita temprano por la mañana, La Villa des Arts para arte contemporáneo, L’Eglise du Sacre-Coeur por la arquitectura y el Rick’s Café que, si bien no es el mismo de la película ya que esta se filmó en Hollywood, es un vistazo nostálgico a lo que fue una época de cambios culturales para la ciudad. Eso sí, ve a todo lugar en taxi ya que la ciudad, al ser tan grande y con ese American feeling tan arraigado, no es amable con el peatón.

Marruecos ya no es ningún misterio para mí. Se ha convertido en un país de gente amable, de fruta deliciosa, del mejor té de menta que he probado en mi vida, de gente que se apoya, de artesanos con riqueza en una de las religiones más antiguas del mundo que, sin embargo, no intentan implantarte.

En mi mente ya no es más ese país en el que la mujer no puede tomar una decisión de su vida, en donde se le prohíbe caminar por las calles, sonreír sin velo o hacer cosas tan cotidianas como conducir un automóvil y, mucho menos, un país que como mujer no puedes visitar.

Debo aceptar que llegué con muchos prejuicios pero Marruecos se lleva, junto a sus platos de tajín de pollo al limón y amabilidad en cada esquina, un trocito de mi corazón.

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  1. Ay te aplaudo por este post, en general mucho tus posts de viajes (creo que son mis favoritos al día de hoy en blogs y revistas digitales), pero éste se lleva las palmas.

    Debo confesar que nunca tuve Marruecos como una prioridad, pero me entró por los ojos gracias a Instagram y a varios blogs (supongo ese recibimiento de turismo masivo del que hablas tuvo algo que ver). Ahora tengo este destino en mi lista de viajes pendientes y seguro me daré una vuelta por Gadriana para tomar recomendaciones cuando ese viaje pase 😉

    1. Hola Pablo! Muchas gracias por tus flores jeje. Conociéndote un poco creo que disfrutarías mucho del viaje, ya que además de ajustarse a cualquier presupuesto, vas a tener flashbacks de México por la comida, los colores, la calidez… es súper bonito 🙂

  2. Yo siempre me arrepiento el no haber ido al viaje de Marruecos que la universidad en España organizo cuando me fui de intercambio. La verdad me gano el prejuicio y más porque mi familia tuvo miedo de que me fuera. Esta en mi lista de lugares para ir, sobre toodo pora la serie «En el tiempo de costuras».

    1. Sí, es una pena que sea un país con tantos prejuicios aún 🙁 por eso me pareció importante compartir cada aspecto de él, creo que ellos mismos lo reconocen y ponen un poco más de su parte para que los turistas se vayan con una buena experiencia. Espero que un día puedas visitarlo porque es muy, muy bonito <3

  3. Wow! Hasta ahora tuve tiempo de leer este post y me ha encantado. Si ya lo tenía en mi bucket list desde antes, ahora al ver tus fotos es un mega must!! Definitivamente regresaré a leerlo cuando compre mi boleto de avión para coger algunos tips.