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¿Y por qué todos están compartiendo #BringBackPhilo?

 

Motivada por algunos comentarios que recibí por Instagram preguntando el por qué de mi descontento (y el de muchas personas más) con la toma de Hedi Slimane como diseñador de Celine y los muy obvios cambios que ha hecho a la marca transformándola en un reflejo directo de su concepto de mujer contemporánea (alerta de spoiler: no lo hace muy bien que digamos).

Primero que nada, cabe aclarar que no se trata de una molestia por un mero cambio estético, porque falte una tilde o como consecuencia de que el equipo de Slimane haya decidido borrar el historial de Instagram antes de su debut en la marca. En realidad, se trata de Phoebe Philo, de su ideología feminista que se tangibiliza como nunca en Céline y de la huella que ha dejado impresa en la historia de la vestimenta de la mujer del siglo XXI.

La diseñadora británica inició en Céline en 2009 después de su aclamado trabajo en Chloé, convirtiéndose en una de las directoras creativas con mayor duración en el mundo de la moda de lujo. Justo antes de que Philo entrase como directora creativa, la editora de moda de Vogue, Sarah Mower, describió a Céline comouna de esas marcas de ligas menores que, en ausencia de una identidad propia, está destinada a seguir las tendencias para seguir siendo parte de las cosas”.

Durante estos años, Philo logra impregnarse tanto en la marca francesa que resulta, incluso ahora, imposible pensar en Céline sin ella. Al poco tiempo, no hubo tendencia que subiera a la pasarela que no acabase convirtiéndose en una pauta a seguir para otras marcas, incluso temporadas después. La diseñadora logró forjar una identidad para una marca que anteriormente solo lograba ponerse al día, al mismo tiempo que diseñó un guardarropa consistente y altamente halagador para la mujer contemporánea, alejándose por completo de la sexualización del cuerpo femenino en la moda que ella misma criticaba.

Sus colecciones dieron poder al género femenino envolviéndolo en tejidos lujosos, siluetas fuertes que dieran libertad de movimiento, colores realistas para un guardarropa que puedes usar en tu vida diaria, bolsos icónicos y prácticos, un juego de capas que permitió a la mujer que trabaja de 9-5 olvidarse de la diferencia entre vestir para el día y la noche, y difuminar la línea que divide la estética masculina de la femenina con un lenguaje minimalista.

Es decir, un verdadero empowered wardrobe que, muy seguramente, has consumido sin darte cuenta en tiendas high-street como Mango o & Other Stories quienes año con año se alimentaban de las ideas que Phoebe ponía en la pasarela, o que has practicado tú misma al cambiar tu colección de tacones por zapatos deportivos blancos (sí, también debemos agradecerle a Phoebe que ir a la oficina usando unas Stan Smith se puso trendy).

El fin de Phoebe en Céline para nuestra generación es como el día en que J.K Rowling escribió el último libro de Harry Potter: nostálgico y desasosegado. “Aquellos que temían que iban a llegar a su fin los días en los que la marca definió lo que significaba ser una mujer inteligente, adulta, autosuficiente, ambiciosa y elegantemente neurótica estaban en lo cierto”, escribió Vanessa Friedman en su crónica para The New York Times.

Por supuesto, para algunos será solo moda, pero recordemos que la moda siempre ha sido una evidencia de la situación política de la época y Céline (con tilde) era un reflejo del movimiento feminista actual, de la aceptación hacia nuestros cuerpos en sus diferentes formas, que vestirnos con lo que nos empodera es primordial y que las reglas para “vestir para tu tipo de cuerpo son un montón de tonterías. Phoebe nos enseñó que no hay necesidad de equiparar nuestra sexualidad a nuestro poder. Nos liberaba como mujeres en muchos sentidos.

Incluso si dejamos de lado el aspecto psicológico, social y político que Céline influenció en su década dorada, no podemos ignorar que las propuestas de Slimane para Celine dejan mucho que desear. Nos decepcionan. Indudablemente, las mujeres hemos cambiado durante la última década, y Hedi, con su obsesión por el look roquero, vestidos cortos de escote pronunciado, brillo y siluetas ochenteras que van más allá de la impracticabilidad, no aportan nada nuevo a las nuevas generaciones (ni a la nuestra). “El nuevo look de Slimane parece de marca low-cost“, crítica @diet_prada en su cuenta de Instagram después de la presentación de la primera colección de Celine.

Las reglas de la vida lo dicen: todo lo bueno tiene que terminar en algún momento pero lo único que sería certero es, que si un día Céline regresa como la marca poderosa y transgresora que era, nadie extrañaría el legado retrógrada y repetitivo de Slimane. De momento, y como un nuevo culto de nostalgia y hermandad millennial, nos queda el archivo visual de @oldceline en Instagram y un montón de piezas, bolsos y accesorios en sitios de segunda mano como Vestiaire Collective o The RealReal. Mientras tanto, las Philophiles esperaremos pacientemente a que Phoebe se instale en una nueva casa de moda o, en su defecto, abra su propia marca.

“Cuanto más envejezco y más colecciones hago, más impulsada me siento por el estilo y la belleza real. Mi objetivo es revelar a las mujeres, no exhibirlas.” – Phoebe Philo

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